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¿Qué es la inteligencia?
Algunos la definen como la capacidad para establecer relaciones. Por ejemplo: un día usted recibe la visita de sus amigos Jorge y Pita y sus hijos de tres años los ve llegar juntos. Al cabo de algún tiempo vuelve de visita su amiga Pita, pero esta vez sola y al verla entrar su hijo le pregunta: <<¿En dónde está Jorge>>? Otro acto inteligente, muy precoz, que realizan los bebés, es cuando jalan intencionalmente la cobijita para atraer una sonaja que está encima de ella, pero lejos de su alcance. Desde este acto precoz hasta la deducción matemática que permite inferir la existencia de cuerpos celestes o de partículas subatómicas jamás observadas, la inteligencia recorre un largo camino. Poco a poco, gracias a la inteligencia, nos apropiamos de los instrumentos de nuestra cultura y aprendemos a manipular el ambiente. El francés Alfredo Binet (quien a principios de siglo creó la primera prueba para medir la inteligencia) consideraba que la comprensión y la invención eran los dos actos más importantes de la inteligencia. Hay muchas clases de inteligencia, por ejemplo: hay gente con tremenda capacidad para relacionarse socialmente y <<caer bien>>, sin embargo <<no dan una en la escuela>>. A ésta inteligencia se le llama <<social>> y le apuesto que usted está pensando en alguien de su casa. En suma, la inteligencia es un concepto complejo muy difícil de definir, pero podemos partir de la consideración de que cuando se habla de inteligencia todo el mundo sabe de qué se trata. ¿Cómo se desarrolla la inteligencia?
Para comprender un proceso tan importante y complejo como el desarrollo intelectual, necesitamos una buena teoría y afortunadamente contamos en la actualidad con dos importantes teorías del desarrollo, gracias al genio del psicólogo suizo Jean Piaget y del psicólogo soviético Lev Vygotsky. No es mi intención sintetizar aquí teorías tan complejas, solamente quiero considerar algunas de sus aportaciones básicas. Piaget y Vygotsky querían encontrar una respuesta definitiva a la pregunta: ¿cómo es que conocemos?, que acabara, de una vez por todas, con la citada controversia innatismo vs. empirismo. Y tuvieron la genial idea de estudiar al niño -desde recién nacidos hasta adolescentes- para poder averiguar qué es lo que ellos conocen acerca del mundo y de sí mismos y entender las transformaciones que sufre el intelecto. Es gracias a ellos que ahora sabemos <<que el niño no es un adulto
chiquito>> y que su forma de ver e interpretar al mundo va sufriendo cambios hasta alcanzar las características del pensamiento adulto; también descubrieron (poniendo el primero el énfasis en la actividad espontánea del intelecto, y el segundo en la transmisión social) las cualidades que tienen la inteligencia y el pensamiento infantil y los factores que contribuyen a su desarrollo. El niño tiene que <<construir>> su inteligencia, dice Piaget, y son las acciones que el niño realiza cuando intercatúa y se relaciona con las personas y las cosas las responsables de dicha construcción. Cuando el niño juega con una sonaja o juega a las <<escondidillas>> con su mamá, extrae información acerca del medio. El niño es activo por naturaleza y es gracias a dicha actividad primaria que el niño empieza a conocer al mundo y a sí mismo. Por ejemplo, para descubrir sus propias manitas, él tendrá que metérselas a la boca y chuparlas, moverlas y mirarlas y no serán sus manos las que en sí le informen de su existencia, sino las acciones que el niño realice con ellas. Después, si le damos al niño una sonaja, él efectuará con ella las mismas acciones que pudo efectuar con su mano vacía: la chupará, la moverá, la mirará, y al efectuar las mismas acciones, pero aplicadas a objetos distintos -sus manos y la sonaja-, ¡podrá descubrir diferencias! Al aplicar las mismas acciones a objetos distintos, el niño podrá percatarse de las diferencias y será capaz de atribuir dichas diferencias a las cualidades que tienen los objetos y no a sus propias acciones, ya que en los dos casos el niño realizó las mismas. Pero vamos a suponer que lo que el niño trata ahora de coger sea una pelota más grande que su mano; él en vano intentará coger la pelota en la misma forma en la que pudo coger la sonaja, intentará todo lo que sabe hacer y fracasará, pero seguirá intentándolo hasta que a fuerza de insistir, llevará la otra mano a la pelota y con las dos logrará atraparla. Feliz con su exitoso intento soltará y atrapará la pelota con las dos manos y lo hará muchas veces hasta que asimile una nueva forma de atrapar los objetos que son más grandes que su mano. ¡Él nunca había hecho eso antes! Pero de ahora en adelante no dudará en hacerlo de nuevo cuando sea necesario. Podemos ver, con este sencillo ejemplo, cómo se desarrolla la inteligencia: el niño actúa sobre los objetos -personas y cosas- e intenta conocerlos y descubrir sus cualidades a través de las acciones que realiza con ellos; recíprocamente, los objetos actúan sobre el niño y lo obligan a hacer cosas originales. Poco a poco el niño desarrolla su inteligencia gracias a esta interacción. Cuando los científicos investigan, realizan un estricto <<control de variables>> gracias a lo cual pueden establecer relaciones causales y averiguar, realmente, el por qué de las cosas. Por ejemplo: para saber su el uso de la urea favorece el crecimiento del maíz, toman dos grupos de plantas que tengan las mismas características genéticas, las riegan con la misma cantidad de agua, las exponen a la misma cantidad de sol, etc. Pero la tierra de uno de los dos grupos se fertilizará con urea y el otro no. El control de variables permitirá atribuir al uso de la urea, cualquier diferencia significativa en el crecimiento del maíz. Pues bien, nuestros bebés realizan espontáneamente el mismo control de variables. ¡Como científicos!
Y sin saber hablar logran construir, gradualmente, una imagen coherente de sí mismos y del mundo en el que viven. A esta inteligencia práctica -anterior al lenguaje-, basada exclusivamente en acciones que se coordinan entre sí y se aplican a los objetos en forma sistemática, Piaget la llama inteligencia Sensorio-Motriz. Piaget explica el progreso de la inteligencia sensorio-motriz, valiéndose de un diagrama. El bebé está representado por un pequeño círculo incluido en un círculo mayor que corresponde al universo circundante. Al nacer el niño y el universo se tocan en el punto A. En el punto A el bebé no tiene conciencia de sí mismo X ni conciencia de la existencia de un universo externo Y. A este estado original se le llama estado indiferenciado o adualista -porque no existe aún la dualidad básica <<yo-tú>>; o estado autista (que en este momento de la vida no es un estado patológico, sino normal; sólo es patológico cuando no se supera). Sin embargo, gracias a la interacción que el niño realiza con el medio, las dos flechas se disparan simultáneamente en ambos sentidos. A través del diálogo que el niño sostiene con el medio empieza a reconocer al mundo y a sí mismo. Mientras, más sepa acerca del mundo mejor se conocerá a sí mismo y viceversa. Insistiré una vez más en el hecho de que sólo el niño que interactúa o <<dialoga>> permanentemente con las personas y las cosas logrará desarrollarse.

Bibliografía Gadea, de Nicolás, Luis. Escuela para Padres y Maestros. Primera Edición. ISBN: 968-499-917-8 México

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